El Cachorro de american Staffordshire Terrier es encantador y simpático. Se parece más a un muñeco que a un altivo Terrier de tipo Bull que es catalogado como potencialmente peligroso. Y esto es precisamente lo que ocasiona errores en la educación: los dueños le pasan por alto demasiadas travesuras porque consideran que es demasiado pequeño para entender. Pero, el animal, en cambio, lo entiende todo, lo ve todo y lo valora todo. Cuando nos mira con sus ojos vivos y atentos, él no se pregunta si lo queremos lo suficiente o si tenemos ganas de jugar con él. Lo que en realidad intenta determinar es si seremos buenos educadores, un líder seguro, digno de confianza..., o si es preferible que se encargue él mismo de dirigir la familia.
Antes de apresurarnos a comprar el cachorro más simpático, debemos plantearnos cuál es nuestra motivación real (y si es posible hablaremos francamente con el criador). En primer lugar, pensemos por qué hemos elegido un american stafford y qué deseamos hacer con él.
Las respuestas a estas preguntas nos ayudarán a saber qué tipo de animal se ajusta mejor a nuestras necesidades.
Si queremos un perro de compañía
Dónde comprarlo
Un perro de compañía puede comprarse en un buen criadero, y también a un particular de confianza. En el caso de la raza que nos ocupa, hay que excluir rotundamente perros de otra procedencia, puesto que la selección de las características físicas y sobre todo psíquicas es fundamental.
Un Terrier tipo Bull no es un caniche, que en caso de mala selección puede convertirse, a lo sumo, en un bicho antipático. El american Staffordshire Terrier es un perro vigoroso, ágil y rápido, posee un temperamento fuerte y una musculatura poderosa. Bien seleccionado es dócil y cariñoso. Si se han cometido errores en la selección, puede ser un animal peligroso, especialmente para los otros perros. En este sentido diremos que los criadores especializados en la raza son los únicos que están en condiciones de garantizar el carácter de los american stafford Terrier.
El trabajo de un criador no es producir perros fuera de serie o futuros campeones. El criador solo pretende crear buenos ejemplares, trabajando con buenas líneas de sangre y efectuando una selección, tanto desde el punto de vista físico, como desde el psíquico. Los alimenta correctamente y los cría en condiciones sanitarias e higiénicas perfectas. Y si esporádicamente surge un campeón, pues mucho mejor. Pero, el objetivo principal sigue siendo producir perros de calidad.
Un particular también puede tener perros buenos. Pero, hay que tener cuidado, no olvidemos que el particular no siempre es un experto. La única forma de que produzca una buena camada es disponiendo de una perra de calidad (comprada en un buen criadero) y siguiendo los consejos del criador en lo que se refiera a la elección del semental. Muchos propietarios siguen este camino, lo cual significa que es posible encontrar un cachorro sin afijo (《 el apellido》que sigue al nombre del perro en el pedigree y que identifica al criador de origen ) pero bien criado a la perfección. El precio no diferirá demasiado del precio del criadero, ya que en la cinofilia 《barato》siempre es sinónimo de 《calidad mediocre》. Y en este tipo de razas, hay que descartar la mediocridad.
Ocasionalmente, en un criadero se puede encontrar algún cachorro a un precio ligeramente inferior al de la media, que presente algún defecto físico leve ( por ejemplo, en el cierre dental). Este tipo de defecto excluye al perro de la participación en exposiciones, pero no representa ningún problema para el dueño, que quizá ni tan siquiera se daría cuenta si el criador no se lo mostrara. Cuando se trata con un particular, no sirve de nada explicarle el uso para el cual se desea el perro, porque generalmente no sabrá establecer una escala de valor dentro de la camada.
En cambio, el particular suele ser muy fiable en lo que se refiere a la higiene, la alimentación y los cuidados del cachorro, al que trata como si fuera prácticamente un hijo.
El único problema es que, a veces, la falta de experiencia le puede llevar a cometer errores (por ejemplo excederse en el plazo de la aplicación del tratamiento antiparasitario, por ignorar cual es el momento adecuado.
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